La utilización de días de clases para jornadas institucionales es un recurso para disfrazar el facilismo
Autor: Profesor Jorge Carlos Carrá
Es un hecho comprobado que la variable más estrechamente relacionada con el rendimiento académico de los alumnos, es la cantidad de días de clase efectivamente dictadas en el ciclo lectivo.
No solo parece haber escasa coincidencia en la necesidad de aumentar la duración del año escolar sino que, por el contrario, en los últimos años se ha producido un retroceso sistemático en este número institucionalizando la asignación de días de clases para la realización de las llamadas "jornadas educativas" o de "cursos de capacitación".
En virtud de esta patética situación me formulo las siguientes preguntas adicionales:
¿no es posible pensar en un esquema que no solo limite esta sangría, sino que la revierta?
¿los días de clases se han transformado en la variable de ajuste del sistema educativo?
¿se ha pensado en los efectos que sobre el ritmo de estudio tiene la interrupción por varios días de las clases, como ha sucedido y sigue sucediendo, tales como: semana del estudiante, razones climáticas normales en el paralelo 42, ampliación de las tradicionales 2 semanas de vacaciones de invierno, fines de semana largo por transferencia de algunos feriados nacionales a los lunes, etc?
¿Se percibe el proceso de círculo vicioso que configura una clara espiral descendente en la calidad de la enseñanza por el mayor tiempo que se debe destinar a cada tema? La disminución de días de clases que experimentan los alumnos contribuye sensiblemente a la disminución de la base previa de dichos alumnos en las materias siguientes.
No conozco y probablemente no conoceré las respuestas que las autoridades tienen a estas preguntas, pero la percepción evidente es que los días de clase no revisten carácter prioritario para los administradores de la educación.
Como aporte para la corrección de tal anomalía sugiero la implementación de alguna de las siguientes acciones (no excluyentes):
implementación de las mismas fuera del horario de clases, por ejemplo:
a partir de las 19 horas, como en el Colegio Don Bosco o como en esta misma escuela cuando pertenecía al CONET, o los sábados por la mañana, como en la Escuela Cooperativa Técnica Los Andes a principios del año 2003,restitución al final del año lectivo de los días perdidos.
En países centrales se aplica este criterio si se suspenden días de clase por nieve. Este ejemplo muestra claramente como en otros países, la escuela no solo transmite conocimientos sino valores culturales, entre los cuales se encuentra la transmisión a los alumnos del carácter prioritario que tiene para una sociedad, el dictado efectivo de clases a sus futuros dirigentes.
En este sentido he solicitado (infructuosamente) por la vía jerárquica correspondiente que la Presidencia del Consejo de Educación estudie la posibilidad de modificar el artículo 3° de la Resolución N° 5480/05. Como respuesta se me indica que la realización de las Jornadas Educativas reviste “extrema prioridad”, por lo cual concluyo que la pérdida de días de clases que las mismas provocan no puede tener ese carácter. Esto es así pues actualmente este es un juego de suma cero, la realización de una de esas actividades se está realizando a expensas de la otra.
Resulta revelador leer el pensamiento expresado en un informe del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE), de la UNESCO:
"el aumento efectivo de las horas de clase es una herramienta fundamental para fortalecer los aprendizajes de los alumnos en el aula".
El estado caótico en que se encuentra la educación del futuro de nuestro país, amerita la realización de todos los esfuerzos tendientes a aumentar la cantidad y a mejorar la calidad de lo que entregamos diariamente a los estudiantes. Ambos aspectos son complementarios y si bien es cierto que mayor cantidad no necesariamente genera mayor calidad, también lo es el hecho de que una disminución persistente de la cantidad provocará un círculo vicioso hacia una baja en la calidad, como ya expresé anteriormente.
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